viernes, 30 de enero de 2026

Muerte inminente

Estoy nadando, pero siento que me ahogaré,

Estoy flotando sobre las aguas, pero pronto me hundiré.

Me estoy debilitando, ya no puedo sostenerme,

Mi cuerpo está debilitado, no puedo continuar.


Estoy sin fuerzas, no más consigo luchar,

Todo indica que es mi fin y no voy a escapar.

Mis ojos se cierran, la luz no puedo ver,

Mi muerte va a llegar, no hay nada más que hacer.


Estoy hundiendo rápidamente, pronto no voy a respirar,

Las aguas me jalan, en el lecho profundo, me sepultarán.

En este momento, no tengo esperanza de sobrevivir,

Solo espero hundirme y morir pronto, sin sufrir.


Estoy inconsciente, mi vida se está yendo,

Todo se ha terminado, moriré ahora…

Algo pasó, alguien fue al fondo a rescatarme,

Está haciendo su mejor esfuerzo para salvarme.


Me sacó de las aguas profundas, está intentando reanimarme,

Siento que incluso daría su propia vida por salvarme.

No se rinde, insiste, no quiere perderme,

Se está sacrificando por mí, para que pueda vivir.


Empiezo a despertar y veo a un hombre sonriéndome,

Él dice: ‹‹No vas a morir ahora, este no es tu fin.››

Confundido, respondo: ‹‹Pero, ¿quién eres tú y por qué hiciste tanto?››

Respondió: ‹‹Soy Jesús, e hice todo esto porque te amo.››


Me quedé atónito con las palabras que pronunció,

No podía creer que fui salvado por el Gran Señor.

Antes de todo esto, pensaba que, por mí, nadie se preocupaba,

Pero ahora todo era diferente, fui salvado por aquel que no esperaba.


Jesús siguió hablando con muchas palabras de amor,

Decía que era la vida, la paz, la misericordia, el Salvador.

Me consolaba, me tranquilizaba, me calmaba,

A partir de ese momento, pude ver cuánto Jesús me amaba,

Y decidí que, por el resto de mi vida, guardaría esas palabras.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen VII.

miércoles, 28 de enero de 2026

El Sembrador de Tormentas

El bribón y sinvergüenza, el vagabundo de boca corrupta … El malvado trama el mal en su mente, y siempre anda provocando disensiones. Por eso le sobrevendrá la ruina; ¡de repente será destruido, y no podrá evitarlo! Proverbios 6:12, 14-15

En el octavo piso de “Da Vinci Design”, Marcelo era un artista. Su arte, sin embargo, no era la programación o el diseño, sino la discordia. Era un maestro de la calamidad silenciosa.

Su boca raramente era abiertamente perversa. Él prefería el veneno sutil de la insinuación.

“¿Oíste lo que Julia dijo de tu proyecto?”, le susurraba a William, sabiendo que Julia no había dicho nada. Se acercaba a un grupo, escuchaba una conversación y luego la recontaba a otro, siempre con una pequeña y maliciosa distorsión.

Su maldad estaba en los detalles, en el lenguaje corporal. Le guiñaba un ojo a un compañero al final de la presentación de otro, una señal cómplice de desdén. Arrastraba los pies con una impaciencia teatral cuando un “rival” hablaba en una reunión. Hacía señales con los dedos, pequeños gestos de burla que solo sus iniciados entendían. En su corazón, maquinaba el mal todo el tiempo, encontrando un sombrío placer en crear pequeños incendios y observar el caos.

Andaba sembrando peleas. El equipo de marketing, antes unido, ahora estaba dividido en facciones que apenas se hablaban. Un proyecto prometedor fue saboteado porque Marcelo convenció al programador de que el gerente de producto estaba intentando robarle el mérito. La confianza, la moneda más valiosa de cualquier ambiente de trabajo, estaba en ruinas, y él era el falsificador.

Su motivación era simple: creía que, en un ambiente de caos, donde todos estuvieran ocupados defendiéndose, su propio camino hacia la cima sería más fácil.

La calamidad, cuando llegó, fue repentina, sin aviso y sin remedio.

La empresa implementó un nuevo sistema de comunicación interna, más transparente y con todas las conversaciones archivadas. Marcelo no le dio importancia; era un maestro en cubrir sus huellas, en hablar entre líneas.

Su error fue subestimar la frustración que él mismo había creado. Dos de sus víctimas, William y Julia, a quienes había puesto uno contra el otro, finalmente decidieron hablar. Al comparar sus historias, la telaraña de mentiras de Marcelo quedó clara. En lugar de una confrontación directa, hicieron algo más inteligente. Recopilaron pruebas. Correos ambiguos, testimonios de otros compañeros que habían sido envenenados por sus palabras.

Llevaron el dosier, silenciosamente, al director de RR. HH.

La mañana de un jueves, Marcelo llegó al trabajo, silbando. Acababa de plantar una nueva semilla de discordia, insinuando que el bono de un compañero era mayor que el de otro. Se sentó en su escritorio, preparó su café y fue llamado al despacho del director. Entró, confiado, esperando quizás un ascenso.

Dentro de la sala, estaban el director, el jefe de RR. HH., William y Julia. Sobre la mesa, una pila de impresiones de sus propias conversaciones y correos.

No hubo discusión. No hubo oportunidad para la manipulación. Las pruebas eran irrefutables. Se quebró de repente. El guiño arrogante dio paso a una palidez de shock. Sus pies, que antes arrastraba con desdén, ahora parecían clavados en el suelo.

Fue despedido en el acto, escoltado por un guardia de seguridad hasta su escritorio para recoger sus cosas. El hombre que vivía de susurros ahora era el centro de un silencio pesado y acusador. Todos lo observaban, no con pena, sino con un amargo alivio.

Mientras la puerta del ascensor se cerraba, Marcelo se dio cuenta de la terrible verdad. Había sembrado tormentas para los otros, creyendo que estaría a salvo en su refugio. Pero, al final, la calamidad que tanto maquinó vino por él, y no había salvación, ni arreglo, ni remedio para la ruina que había construido con sus propias manos.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

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lunes, 26 de enero de 2026

Vamos a seguir

Vamos a caminar, hermanos,

Vamos a caminar, hermanas,

Vamos a seguir firmes con Dios,

Para hacer un nuevo mañana.

Para este futuro comenzar,

Hoy mismo, tenemos que trabajar.


El trabajo será arduo y pesado,

Necesitaremos ser muy fuertes,

Para resistir a todo pecado.

Resistiendo también a la tentación,

Y no contaminando el corazón.


Es preciso concentrarse en el Señor,

De las cosas malas, nos debemos apartar,

Dejando atrás el deseo pecador.

Solo a la cruz, debemos mirar,

Para que la sangre, podamos contemplar.


La sangre es muy preciosa,

Es la sangre de Jesucristo.

El precio pagado para salvar al pueblo.

Es por esa sangre que vamos a luchar,

La gloria de Dios la vamos a mostrar.


Esa gloria se manifiesta trabajando,

Cuando las personas vean algo suceder,

Se dan cuenta de que todo está cambiando,

Y en el poder del Señor, comienzan a creer.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen VII.

viernes, 23 de enero de 2026

Recomenzar

La vida es hecha de elecciones y ellas nos llevan a ciertos caminos,

Algunas veces caminos buenos, otras veces caminos más sombríos.

Algunos caminos nos llevan al éxito y a nuestra plena felicidad,

Otros caminos, solo a la tristeza y grandes dificultades.


Salir de estos caminos puede no ser fácil, y ni habrá esta opción,

Pues algunos son tan tenebrosos que parecen llevarnos a la prisión.

Sentimos estar arrestados, sin saber lo que hacer para salir de allí,

Quedamos desesperados, sin esperanzas de volver a sonreír.


En ese estado no hay ninguna esperanza, los días parecen tristes,

Sentimos que la felicidad es solo un recuerdo y ya no existe.

Esto nos deja muy débiles y sin ganas de despertar y luchar,

Vivimos un sentimiento de derrota y parece que nada va a cambiar.


Y en medio de este momento de tristeza, alguien viene a ayudar,

Jesús nos extiende la mano y ofrece una nueva ruta para caminar.

Un camino con bendiciones que ni siquiera podríamos imaginar.

Él derrama su agua sobre nosotros y un nuevo río de vida va a brotar.


Después de las bendiciones del Señor, una nueva etapa empezará,

Tenemos una nueva oportunidad para recomenzar.

Seguiremos el nuevo y maravilloso camino hecho por el Señor,

Que siempre estará a nuestro lado y nos va a guiar según su amor.


Este poema es parte del libro La vida a través de las palabras.

miércoles, 21 de enero de 2026

El Campo de las Pestañas Abiertas

¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría! … Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado?¿Cuándo despertarás de tu sueño? Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos… ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado! Proverbios 6:6,9-11

El universo de Emerson cabía en la pantalla de su portátil: veintitrés pestañas abiertas en el navegador. Había un curso de marketing digital a medias, un e-book sobre inversiones del que nunca pasó del primer capítulo, borradores de un proyecto freelance para un cliente impaciente y, entre todo eso, las verdaderas ladronas de su tiempo: redes sociales, foros de videojuegos y plataformas de streaming.

Era un diseñador gráfico talentoso, con un ojo agudo para la estética. Pero su talento estaba sepultado bajo capas de inercia. Su vida era una serie de comienzos entusiastas y abandonos silenciosos. “Mañana lo termino”, era su lema. “Solo un episodio más”, su sentencia diaria. Vivía en un ciclo de “dormir un poco, trabajar un poco”, con las manos cruzadas sobre el teclado.

Fuera de su ventana, la vida pulsaba. Observaba, con una punzada de envidia, el incansable movimiento de la ciudad. Desde su repisa, veía a las personas como hormigas marchando en una obstinada fila, cada una cargando un peso mayor que ella misma, movidas por un propósito invisible. Eran un espectáculo de compromiso que él admiraba, pero no imitaba.

La pobreza, como un ladrón sigiloso, comenzó a forzar las puertas de su vida. Primero, fue la financiera. El cliente del proyecto freelance, cansado de excusas, canceló el contrato. El alquiler se atrasó. La tarjeta de crédito alcanzó su límite.

Pero la pobreza más cruel era de otro tipo. Su escritorio, su “campo”, estaba lleno de “espinos y ortigas” digitales: proyectos abandonados, correos sin responder, oportunidades perdidas. El “muro de piedra” de su credibilidad estaba en ruinas. Sus amigos dejaron de recomendarlo para trabajos. Su propia confianza en su capacidad comenzó a erosionarse.

La necesidad, como un hombre armado, lo confrontó un martes lluvioso. Le cortaron la luz de su apartamento por falta de pago. En la oscuridad, con el portátil funcionando con la batería que se agotaba, el silencio solo era roto por el sonido de su estómago rugiendo. Ya no había a dónde huir, no había más “mañana”.

Se sentó en el suelo frío y, por primera vez, se enfrentó al reflejo de su propia negligencia. Nadie era culpable. Ni la economía, ni la falta de oportunidades. La culpa era de sus elecciones, de su constante rendición a la inercia. Había permitido que ladrones invisibles —la procrastinación, la distracción, la falta de disciplina— robaran su futuro, miga a miga.

Esa noche, en la oscuridad, recordó a las hormigas en su ventana. Su sabiduría silenciosa, su ética de trabajo implacable.

A la mañana siguiente, con la poca batería que le quedaba, no abrió las redes sociales. Abrió un nuevo documento y le escribió un correo a su antiguo cliente. No dio excusas. Simplemente escribió: “Te fallé a ti y le fallé al proyecto. Sé que es tarde, pero me gustaría terminar el trabajo, sin costo alguno, solo para honrar mi palabra”.

El cliente, sorprendido, aceptó.

Fue el primer paso. Emerson comenzó a reconstruir el muro de su vida, piedra a piedra. Empezó a cerrar las pestañas innecesarias, a enfocarse en una tarea a la vez, a encontrar satisfacción no en el inicio de algo nuevo, sino en la conclusión de algo antiguo.

No fue una transformación mágica. Fue una batalla diaria, agotadora, contra sus propios hábitos. Pero, con cada pequeña victoria, con cada tarea completada, sentía su campo siendo limpiado. Los espinos de la procrastinación estaban dando paso a un suelo fértil, listo para una nueva siembra. La pobreza no había desaparecido, pero el ladrón había sido expulsado de su casa.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

https://books2read.com/u/bpPxxE

lunes, 19 de enero de 2026

Liberándose del peso

Muchas veces cargamos muchos agravios en nuestro corazón,

Cargamos todas las heridas como si fuera una obligación.

Vamos arrastrando todo por un largo y doloroso camino,

Y sin percibir, poco a poco, todo este peso nos va oprimiendo.


El peso del agravio se arrastra, y más despacio, fuérzanos a caminar,

Sentimos que estamos quedando cansados y no podemos avanzar.

Este peso parece empeorar a cada momento que va siendo arrastrado,

Cuando percibimos, está tan pesado que ya no puede ser cargado.


Precisamos liberarnos de todo el peso y regresar a la plena libertad,

Precisamos mirar adelante, así podemos ver nuestra felicidad.

Pero solo existe una manera dolorosa para la libertad lograr,

La manera es dejar el orgullo, pedir perdón y perdonar.


El perdón va a liberarnos de todos los agravios y ofensas pasadas,

Abriendo bellos caminos para seguir, dónde no hay cosas malas.

No más cargaremos ningún fardo ni culpa en nuestras vidas,

Podremos vivir bien, felices y estar en paz todos los días.


Este poema es parte del libro La vida a través de las palabras.

Vea el libro:

https://books2read.com/u/bOEvZW 

viernes, 16 de enero de 2026

Abraham

Un pacto fue hecho con Abraham,

Dios le dio una nueva alianza,

Lo que Dios dijo, Abraham obedeció,

Confiando en lo que Dios prometió.


Le fue prometida una nación numerosa,

Que, entre todas en la Tierra, iba a ser la más poderosa.

La única nación que tenía el verdadero Señor.

Aquel que es digno de toda alabanza y amor.


Mismo con edad avanzada, Sara concibió.

En el tiempo determinado, Isaac nació.

Una esperanza vino para Abraham y su familia,

Él vio el regalo de Dios en su vida.


Dios decidió que su siervo sería testado,

Pidió a Abraham que su hijo fuera sacrificado.

En ningún momento Abraham recusó,

Pues él siempre confió en el Señor.


Cuando él levantó la mano para sacrificar,

Vino la voz de Dios diciendo que debería parar.

En aquel teste, El Señor lo aprobó,

Y un carnero para el sacrificio, Dios providenció.


Abraham siempre confió en el Señor,

Pues sabía que Él es el Dios del amor.

En ningún momento Abraham tembló,

Él siempre estaba al lado del Señor.


Abraham sabía que en Dios podría confiar,

Y sabía que el pacto realizado debería guardar.

Él se mantuvo con una fe que nada puede temblar.

Y en el final, él vio toda promesa se realizar.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen II.

miércoles, 14 de enero de 2026

El Lazo del Amigo

Hijo mío, si has salido fiador de tu vecino, si has hecho tratos para responder por otro, si te has comprometido verbalmente, enredándote con tus propias palabras … No permitas que se duerman tus ojos; no dejes que tus párpados se cierren. Proverbios 6:1-2, 4

El apretón de manos de Diego fue firme, su sonrisa, contagiosa.

“Júlio, no eres solo un amigo, eres un hermano. ¡Estás salvando mi sueño!”, dijo él, desde el otro lado de la pulida mesa del gerente del banco.

Júlio sintió una punzada de incomodidad, una pequeña sirena que sonó en algún lugar en el fondo de su mente. Pero la ignoró. ¿Cómo podría decir “no”? Diego era su amigo de la infancia, el padrino de su hija. Y el negocio parecía tan prometedor: una cafetería gourmet en un barrio de moda. Júlio, un funcionario público con una vida estable y ahorros bien guardados, parecía el avalista perfecto.

“Es solo una formalidad, tío. El banco lo exige”, había dicho Diego. Y Júlio, atrapado por las palabras de un amigo, firmó el contrato.

En los primeros meses, todo parecía ir bien. Diego publicaba fotos de la cafetería llena, de las tazas de café con dibujos elaborados, de las reseñas de cinco estrellas. Júlio se sentía orgulloso, parte de ese éxito.

La primera llamada llegó un martes por la tarde. Era del banco. Una voz educada, pero firme, le informó de que la cuota del préstamo de Diego estaba atrasada.

“Es solo para que esté al tanto, como avalista”.

Júlio llamó a Diego, quien se rio.

“Ah, tío, relájate. Fue solo un problema con el flujo de caja. Ya lo resuelvo”.

Pero la llamada se repitió al mes siguiente. Y al otro. La voz del banco ya no era tan educada. El sueño de Diego se estaba convirtiendo, sutilmente, en la pesadilla de Júlio.

Comenzó a perder el sueño. Cada vez que su teléfono sonaba, su corazón se disparaba. Se veía atrapado en un lazo que él mismo había ayudado a atar. Era el animal que, por ingenuidad, había metido la cabeza en la trampa del cazador.

La situación llegó a su clímax cuando llegó una carta oficial: una notificación de ejecución de deuda. El banco iba a por los bienes de Júlio. El pánico se lo tragó. Su apartamento, el futuro de su familia, todo lo que había construido con tanta prudencia estaba en riesgo por una firma.

Fue a la cafetería. El lugar estaba casi vacío. Diego, antes vibrante y confiado, parecía abatido y evasivo.

“¡Júlio, te juro que encontraré una solución!”, prometió, pero sus palabras sonaban huecas.

Esa noche, Júlio no durmió. Daba vueltas por su sala. Ya no podía esperar a que Diego lo resolviera. Necesitaba actuar.

A la mañana siguiente, humillado, fue a ver al gerente del banco.

“¿Cuál es mi situación? ¿Qué necesito hacer para librarme de esto?”.

El gerente fue directo. La deuda era alta. La única forma de librarse del lazo era pagarla.

Júlio pasó la semana más difícil de su vida. Tuvo que sacar la mayor parte de sus ahorros, el dinero que guardaba para la universidad de su hija. Vendió su coche. Le pidió un pequeño préstamo a un primo. Se humilló, suplicó, corrió contra el tiempo.

Al final, con un cheque bancario en las manos, saldó la deuda de Diego. La sensación no fue de alivio, sino de un profundo y amargo agotamiento.

Encontró a Diego en la puerta del banco. Le entregó el comprobante de pago.

“He pagado”, dijo Júlio, con la voz desprovista de emoción. “Estoy libre. Y tú también”.

Las lágrimas corrieron por el rostro de Diego.

“Lo siento mucho, Júlio. Te lo devolveré, lo juro…”.

“No, Diego”, interrumpió Júlio, no con rabia, sino con una fría tristeza. “No lo harás. Porque nuestra amistad no ha sobrevivido a esto”.

Júlio dio media vuelta y se fue. Había perdido a un amigo y una gran parte de sus ahorros. Pero, mientras caminaba hacia casa, sintió algo que no sentía desde hacía meses. Una ligereza. Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, apoyó la cabeza en la almohada y durmió. Un sueño profundo, sin ensoñaciones. Había escapado. La presa, herida y más sabia, estaba finalmente libre de la mano del cazador.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

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lunes, 12 de enero de 2026

La obediencia de Isaac

Toda la tierra estaba en gran hambre,

No había nada que podían hacer.

Si se quedaba allí, Isaac sabía que iba a fallecer.


Él decidió que cambiaría de lugar,

Iba hacia otra tierra, una nueva vida iba a empezar.

El gran reino del Egipto estaba a la disposición,

Aquella siempre fue una rica nación.


El Señor dijo que él no debería ir allá,

Y que un mejor lugar. Él iba a indicar.

Dios indicó a Isaac la tierra de Guerar.

Con toda su familia, él fue sin argumentar.


En aquella tierra, él fue muy bendecido,

Todo lo que hacía, tenía el rendimiento acrecido.

Todas las cosas que hizo, el Señor lo prosperó.

Un gran milagro en aquella tierra, Dios realizó.


Dios mostró que Él tiene el mejor,

Y no echa sus hijos en el peor.

Él quiere ayudarnos a vencer,

Para eso, a sus órdenes, tenemos que obedecer.

Y un milagro en nuestra vida, Él va a hacer.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen II.

viernes, 9 de enero de 2026

Comparación

Con el otro, nadie se puede comparar,

Los errores ajenos no nos van a exentar.

Cada uno erró y por sus errores va a pagar.

 

Los errores de otros son observados,

Y cada uno piensa que lo que hace es menos errado.

Desean ser correctos mismo estando en pecado,

Creen que “pequeños pecados” son olvidados.

 

Este es un error que está siendo cometido,

Especialmente por aquel que es nuevo convertido.

Él cree que con otros él se debe comparar,

Así, él puede saber si tiene algo que cambiar.

 

Solo hay un estándar correcto para la comparación,

Es Jesucristo que vino para la salvación.

Una vida correcta, el Señor Jesús mostró,

En ninguna de las tentaciones humanas, Él pecó.

Demostrando la pureza que viene del Señor.

 

Para agradar a Dios se debe buscar la santidad,

Así, la persona seguirá su santa voluntad.

Andando por caminos de justicia y verdad.

Todos los días alejándose de la maldad.

 

La comparación con la gente debe parar,

Solo en Jesucristo es el perfecto estándar.

Cada uno debe hacer todo para agradar al Señor,

Y dejar el viejo camino del pecador.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen V.

miércoles, 7 de enero de 2026

Las Cuerdas Invisibles

Nuestros caminos están a la vista del Señor; él examina todas nuestras sendas. Al malvado lo atrapan sus malas obras; las cuerdas de su pecado lo aprisionan. Morirá por su falta de disciplina; perecerá por su gran insensatez. Proverbios 5:21-23

El diputado Armando Bastos se movía por el mundo con la confianza de un hombre que no dejaba rastro. Era un maestro en el arte de la doble vida. En público, era el defensor de la familia y las buenas costumbres, su imagen cuidadosamente cultivada en discursos encendidos y fotos con su sonriente esposa. En secreto, era un hombre de apetitos voraces: negocios ilícitos cerrados en salas reservadas, promesas de campaña intercambiadas por favores y un discreto apartamento al otro lado de la ciudad para encuentros clandestinos.

Él creía que el poder era su escudo. Su inteligencia, su capacidad para manipular y anticiparse a los demás, lo convertía, en su propia mente, en invisible. No pensaba en los “ojos del Señor”; los únicos ojos que le importaban eran los de las cámaras y los votantes, y a esos sabía cómo engañar.

No se daba cuenta de que cada acto deshonesto, cada mentira contada, cada promesa rota, era un hilo más que se tejía. Hilos finos e invisibles al principio, pero que, juntos, comenzaban a formar una cuerda gruesa y resistente.

Las cosas empezaron a complicarse de forma sutil. Un asesor de confianza, el único que conocía a fondo sus negocios, dimitió abruptamente, alegando “motivos personales”. Armando sintió un escalofrío. ¿Habría hablado de más?

Luego, durante una entrevista de radio, el periodista le hizo una pregunta inesperadamente específica sobre un contrato con sobreprecio. Fue un roce de bala, que logró desviar con su retórica habitual, pero que lo dejó sudando frío. ¿Cómo se había filtrado esa información?

Se sentía observado, pero no había nadie allí. Era como si el propio universo estuviera conspirando para exponer sus secretos. Empezó a ver amenazas en todas partes. Se volvió paranoico, revisando sus conversaciones, comprobando sus extractos bancarios, desconfiando de su propia sombra. El hombre que se creía libre era, en realidad, un prisionero del miedo.

El nudo final no lo ató un enemigo político, sino sus propias acciones. En su prisa por encubrir una de sus aventuras, usó su móvil personal para enviar un mensaje que debería haber sido borrado. Se olvidó de que el dispositivo estaba sincronizado con la tableta de la familia.

Esa noche, su esposa, mientras ayudaba a su hijo con una tarea escolar, abrió el historial de mensajes y lo vio todo. La cuerda, tejida durante meses de engaño, finalmente lo atrapó.

La ruina no fue un escándalo público inmediato. Fue el silencio helado de su esposa. Fue la mirada de decepción en su hijo. Fue el derrumbe de su vida familiar, el único pilar que, en secreto, todavía valoraba. Su mundo, que parecía tan sólido, era una farsa mantenida por mentiras que ahora se deshacían.

Sentado en su suntuoso despacho, miró por la ventana la ciudad iluminada. Siempre se había sentido por encima de todo aquello. Ahora, se sentía aplastado. No fue destruido por una investigación o por un adversario. Fue detenido por sus propias maldades. Cada elección equivocada, cada camino incorrecto, se había convertido en un hilo de la cuerda que ahora lo asfixiaba.

Murió sin instrucción, como dice el proverbio. Murió para la vida que conocía, no por falta de inteligencia, sino por exceso de locura. La locura de creer que podía vivir en las sombras, olvidando que hay ojos que lo ven todo, y que, al final, cada hombre es prisionero de las cuerdas que él mismo teje.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

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lunes, 5 de enero de 2026

Los dolores de Job

Job fue un hombre correcto y justo,

Él no andaba en los caminos del mundo.

Él andaba en los caminos del Señor,

Job tenía a Dios como su protector.


Todo lo que Job hacía mucho prosperaba,

En su casa no faltaba nada.

Él andaba con Dios todos los días,

Al Señor, él dedicaba su vida.


Satanás andaba en la tierra y fue al Señor,

Acerca de la fidelidad de Job, Dios le habló.

Entonces Satanás resolvió desafiarlo,

Diciendo si Job fuera pobre, no iba a amarlo.


El desafío propuesto, el Señor aceptó,

Y Satanás fue hacia Job, y todo lo que tenía, quitó.

Aunque en gran aprieto, Job no se quejó,

Él dijo que todo lo que tenía era del Señor,

Y aquel que lo dio, también lo quitó.


Satanás nuevamente fue a Dios y con Él habló,

Y nuevamente acerca de Job, Dios le dijo.

Satanás deseó hacer otro desafío con Job,

Entonces Dios dijo que le dejara enfermo.


Una llaga profunda en Job fue colocada,

Toda su carne fue herida y dañada.

Aunque pasaba por tan gran aflicción,

Job no pronunció ninguna reclamación.

Todo lo que pasó, él aceptó,

Y nada dijo contra el Señor.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen V.

viernes, 2 de enero de 2026

Palabras dichas

A la gente le gusta hablar de mí,

Dicen malas palabras contra mí.

 

Dicen palabras para despreciarme,

Hablan cosas para devaluarme.

 

Toda la gente lo hace libremente,

Exponiendo sus malignas mentes.

 

Las lenguas son muy maliciosas,

Son como serpientes venenosas.

 

Su única misión es destruirme,

Echan veneno para matarme.

 

Me voy a proteger de todo eso,

Habrá un escudo en mis oídos.

 

La palabra envenenada, no oiré,

Muchas buenas palabras, hablaré.

 

Mi boca es una fuente de bendición,

Dirá lo que agrada a mi corazón.

 

Mis palabras siempre serán bonitas,

Siempre estarán llenas de vida.


Declararé palabras de ánimo y victoria,

Afirmaré cómo será mi historia.

 

Hablaré de las maravillas del Señor,

Rendiré culto a su amor y favor.

 

Cantaré de los planes de mi Dios,

Cantaré que soy uno de los suyos.

 

Agradeceré la salvación recibida,

Agradeceré que me haya dado la vida.

 

El bien será esparcido de mis labios,

Serán deshechos todos los agravios.

 

La bendición vencerá la maldición,

Y mi buena palabra será mi protección.


Este poema es parte del libro Palabras de fe.

Vea el libro:

https://books2read.com/u/3162v6

Presentación

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Dios bendiga a todos. He creado este blog con la intención de publicar mis poemas inspirados por Dios a través de su Espíritu Santo, que act...