Un pacto fue hecho con Abraham,
Dios le dio una nueva alianza,
Lo que Dios dijo, Abraham obedeció,
Confiando en lo que Dios prometió.
Le fue prometida una nación numerosa,
Que, entre todas en la Tierra, iba a ser la más poderosa.
La única nación que tenía el verdadero Señor.
Aquel que es digno de toda alabanza y amor.
Mismo con edad avanzada, Sara concibió.
En el tiempo determinado, Isaac nació.
Una esperanza vino para Abraham y su familia,
Él vio el regalo de Dios en su vida.
Dios decidió que su siervo sería testado,
Pidió a Abraham que su hijo fuera sacrificado.
En ningún momento Abraham recusó,
Pues él siempre confió en el Señor.
Cuando él levantó la mano para sacrificar,
Vino la voz de Dios diciendo que debería parar.
En aquel teste, El Señor lo aprobó,
Y un carnero para el sacrificio, Dios providenció.
Abraham siempre confió en el Señor,
Pues sabía que Él es el Dios del amor.
En ningún momento Abraham tembló,
Él siempre estaba al lado del Señor.
Abraham sabía que en Dios podría confiar,
Y sabía que el pacto realizado debería guardar.
Él se mantuvo con una fe que nada puede temblar.
Y en el final, él vio toda promesa se realizar.
Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen II.

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