sábado, 21 de marzo de 2026

La caída del ser humano

Alguien semejante a sí, Dios creó,

Creó el hombre y mucho lo amó.

Hizo el hombre su imagen y semejanza,

Y sobre la Tierra, le concedió el liderazgo.


El Señor no quiso ver al hombre solo,

Creó una compañera para él.

Una mujer que era su propia carne,

Una compañera que lo ayudase.


El primer matrimonio estaba formado.

Para su alimento, todo árbol fue dado,

Solamente uno, ellos no podrían comer,

Si comiesen, seguramente iban a fallecer.


Así mismo, prefirieron desobedecer,

Y al consejo de la serpiente, decidieron atender.

Sus ojos han sido abiertos y todo ellos pudieron ver.

Quedaron avergonzados y de Dios, intentaron esconderse.


De esa actitud, el Señor no se agradó,

La serpiente, Él la maldijo,

Del paraíso, Dios les expulsó.

En la tierra común, los echó.


Ahora, de su trabajo van a comer,

Muchos dolores, ellos van a padecer.

Todo porque a Dios no escucharon.

Y de lo que era prohibido probaron.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen II.

miércoles, 18 de marzo de 2026

La Mesa Preparada

La sabiduría construyó su casa y labró sus siete pilares … Dejad vuestra insensatez, y viviréis; andaréis por el camino del discernimiento. Proverbios 9:1,6

El “punto más alto” de la ciudad, para jóvenes como Enzo, era el viaducto sobre la vía del tren. Era allí donde la vida sucedía, o, mejor dicho, donde la vida se desperdiciaba. Entre grafitis y el ruido de los vagones, pasaban las tardes, sin rumbo, alimentándose de aburrimiento y de sueños vacíos de dinero fácil. Enzo, a sus diecisiete años, sentía una inquietud, un deseo de algo más, pero la inercia del grupo lo mantenía atrapado. Era el “simple”, el “ingenuo”, flotando sin dirección.

La invitación llegó de una forma inesperada. No de un ángel, sino de una “criada” en la forma de un folleto arrugado que encontró en el suelo del autobús. El folleto anunciaba la inauguración del “Proyecto Siete Pilares”, una casona antigua, reformada por una señora que todos conocían solo como Doña Eliana.

Doña Eliana era la Sabiduría personificada. Una exdirectora de escuela que, tras su jubilación, invirtió todo su tiempo y recursos para construir su “casa”. Los “siete pilares” eran los talleres que ofrecía: refuerzo escolar, programación de ordenadores, música, carpintería, inglés, educación financiera y orientación vocacional. Había preparado su “banquete”, mezclado su “vino”: el conocimiento, la dignidad, la esperanza.

“¡Si necesitas una dirección, ven aquí!”, decía el folleto. Las palabras parecieron hablarle directamente a Enzo.

“¿Vas a meterte en eso, Enzo?”, se burló su amigo, Cadu, al ver el folleto. “¿Convertirte en el favorito de la abuela? Nosotros nos las arreglamos en la calle. Es más rápido”.

A pesar de la burla, una curiosidad obstinada llevó a Enzo hasta la puerta de la casona. Espió por entre las rejas. Vio a jóvenes como él, pero con un brillo diferente en la mirada, aprendiendo a reparar un ordenador, a tocar la guitarra. Vio la mesa preparada. Y sintió hambre. Hambre de algo que la calle no ofrecía.

Con el corazón latiéndole con fuerza, entró.

Doña Eliana lo recibió con una sonrisa que no era de lástima, sino de expectativa.

“Te estábamos esperando”, dijo ella, como si fuera lo más natural del mundo. “Hay un lugar para ti”.

Enzo comenzó por el taller de carpintería. Sus manos, antes acostumbradas a sostener latas de espray, aprendieron a manejar el cepillo y el formón. Descubrió la alegría de transformar un trozo de madera en bruto en algo útil y hermoso. Estaba comiendo del “pan” de la creación, del propósito.

Después, fue a la clase de programación. Su mente, antes anestesiada por el aburrimiento, se encendió con la lógica y la creatividad del código. Estaba bebiendo del “vino” del conocimiento, de la posibilidad.

La transformación no fue solo externa. Al conversar con Doña Eliana y los otros mentores, aprendió sobre responsabilidad, integridad y visión de futuro. Estaba abandonando la “locura” de la vida sin rumbo.

Meses después, Cadu lo encontró a la salida del proyecto. Enzo llevaba un pequeño taburete de madera que él mismo había construido, un regalo para su madre.

“¿Todavía perdiendo el tiempo ahí, tío?”, preguntó Cadu, pero su voz tenía menos burla y más curiosidad.

Enzo se miró sus propias manos, ahora con pequeños callos de trabajo. Miró el taburete, un símbolo de su transformación.

“No estoy perdiendo el tiempo, Cadu”, respondió, con una calma que no poseía antes. “Estoy ganándome la vida”.

Había aceptado la invitación. Se había sentado a la mesa de la Sabiduría y, por primera vez, se sentía verdaderamente nutrido. La vida, con todas sus posibilidades, apenas comenzaba.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

https://books2read.com/u/bpPxxE

martes, 17 de marzo de 2026

El diluvio

El Señor se entristeció con su creación,

Él vio que el ser humano apenas causa destrucción.

La maldad dominaba todo corazón.

En nadie había algo bueno.


Dios decidió destruir todo,

Enviando sobre la Tierra un gran diluvio.

Antes de todo eso suceder,

Hubo un siervo que Dios quiso proteger,

Noé, un hombre bendito por Dios,

El Señor iba a salvarlo con los suyos.


Un arca, Dios lo mandó construir,

Y toda pareja de animales iba a venir.

Para que toda especie se pudiese salvar,

Después de las lluvias, una nueva Tierra empezará.


Ninguno de los seres humanos restará,

Toda la maldad de la Tierra, el agua lavará.

Hasta los altos montes serán inundados.

Toda la Tierra parecerá un gran lago.


Después de todo eso suceder,

Las aguas empezaron a retroceder.

La tierra nuevamente podría ser vista.

Todos tenían esperanza en una nueva vida.


Dios los condujo hasta la salida del arca.

La promesa de fidelidad fue confirmada.

En agradecimiento, Noé sacrificó,

De eso, el Señor se agradó.


Un nuevo pacto con Noé fue establecido,

Este mundo jamás será destruido.

Habrá una señal para la gente recordar,

El cuánto Dios fue capaz de amar.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen II.

viernes, 13 de marzo de 2026

Cristianismo moderno

El cristianismo está siendo modernizado,

Y con su modernidad viene el pecado.

Para algunos, todo pasa correctamente,

Pero ese es un engaño en sus mentes.


En la iglesia, las doctrinas mundanas son colocadas,

Las prácticas de los pecadores son imitadas.

El pretexto para eso es que Jesús será predicado,

Hacen todo para justificar lo que está equivocado.


En unos sitios, la canción seglar ya está mezclada,

De la verdadera alabanza, ya no puede ser apartada.

En muchas iglesias la alabanza parece un espectáculo,

No se puede notar que el Señor es adorado.


Hay iglesias que están secularizadas,

Donde las costumbres de los pecadores son practicadas.

Ya hay pastor que predica con palabras malsonantes,

Unos creen que es para dejar la predicación interesante.


Hay líderes preocupados con el entretenimiento,

Dejan todo pasar en la iglesia sin discernimiento.

Muchos de esos sucesos están equivocados,

Llevando a los fieles a un evangelio que no fue predicado.


Todos son llevados al evangelio de la secularización,

Un evangelio basado en el ser humano y en la emoción.

Desviándose totalmente de lo que Jesús habló,

Yendo por el camino que el ser humano indicó.


En ese camino no existe posibilidad de salvación,

Es un camino que lleva a la persona a la condenación.

Solo el Evangelio de Cristo puede salvar,

Solo el Evangelio “antiguo” puede liberar.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen V.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Vigilando a la Puerta

Atended a mi instrucción, y sed sabios; no la descuidéis. Dichosos los que me escuchan y a mis puertas están atentos cada día, esperando a la entrada de mi casa. En verdad, quien me encuentra halla la vida y recibe el favor del Señor. Quien me rechaza se perjudica a sí mismo; quien me aborrece ama la muerte». Proverbios 8:33-36

La noticia de la fusión de la empresa cayó como un meteorito, y la lista de despidos que siguió fue la onda expansiva. En ella, había dos nombres, uno al lado del otro: Danilo y Gilson. Ambos con más de quince años en la empresa, ambos en la cima de sus carreras, ambos con familias e hipotecas. Ambos, en un abrir y cerrar de ojos, desempleados.

Esa noche, la casa de Gilson se llenó de los sonidos de la muerte. No la muerte física, sino la muerte de la esperanza.

“¡Se acabó!”, le gritaba a su esposa, que intentaba calmarlo. “¡Años de dedicación tirados a la basura! ¡Me han traicionado! ¡Odio esta empresa, odio esta ciudad!”.

Pasó la noche bebiendo, maldiciendo su suerte, hundiéndose en un pozo de autocompasión y rabia. Odiaba la recomendación que le decía que tuviera calma, que confiara. Para él, la sabiduría era una broma de mal gusto ante la brutalidad de la vida.

En la casa de Danilo, el silencio también era pesado, pero no era el silencio de la desesperación. Era el silencio del dolor procesado en oración. Abrazó a su esposa, lloró, se permitió sentir el peso del golpe. Pero, en medio de su angustia, tomó una decisión. Decidió “vigilar a las puertas de la sabiduría”.

A la mañana siguiente, mientras Gilson aún dormía, ahogado en su resaca de amargura, Danilo se levantó antes del amanecer. No tenía una oficina a la que ir, pero creó una nueva rutina. Pasó la primera hora del día leyendo la Biblia y orando, no pidiendo un empleo milagroso, sino pidiendo claridad, fuerza y dirección. Estaba, metafóricamente, esperando en la puerta la entrada de la Sabiduría.

Gilson pasó las semanas siguientes sumergido en su propia alma violentada. Rechazaba las llamadas de sus amigos, pasaba los días en pijama, viendo noticiarios que solo alimentaban su rabia contra el mundo. Se convirtió en una fuente de amargura, y su familia comenzó a alejarse de la nube tóxica en la que se había convertido. Amaba la muerte de su propio espíritu.

Danilo, por otro lado, comenzó a actuar. Actualizó su currículum. Hizo una lista de todas sus habilidades. Llamó a sus contactos, no para lamentarse, sino para pedir consejos y recomendaciones. Se matriculó en un curso en línea para aprender un nuevo lenguaje de programación. Vigilaba, atento a las oportunidades. No sabía de dónde vendría la ayuda, pero se mantenía listo en la puerta.

La diferencia se hizo evidente en una entrevista de trabajo. Gilson finalmente consiguió una, pero su amargura se desbordó. Habló mal de su antigua empresa, se quejó de la economía, transmitió una energía de víctima. No consiguió el puesto.

Danilo también enfrentó rechazos. Pero en cada entrevista, hablaba de sus años en la empresa con gratitud por lo que había aprendido. Hablaba del futuro con un optimismo cauto, pero genuino. No negaba la dificultad de la situación, pero su identidad no estaba definida por ella.

Dos meses después, Danilo recibió una oferta. No era para el mismo puesto ni con el mismo sueldo de antes. Era un nuevo comienzo, en una empresa más pequeña, pero con una cultura que él admiraba. Era una puerta.

Al contarle la noticia a su esposa, sintió una alegría profunda. Había encontrado la vida. No porque hubiera encontrado un nuevo empleo, sino porque, en el proceso, había encontrado una resiliencia que no sabía que poseía. Había encontrado la paz en medio de la incertidumbre. Había encontrado el favor del Señor, no en la forma de una vida sin problemas, sino en la forma de fuerza para atravesarlos.

Un día, se encontró con Gilson en el supermercado. Gilson parecía más viejo, abatido.

“Me he enterado de tu nuevo trabajo”, dijo Gilson, con un toque de envidia. “Siempre has tenido más suerte que yo”.

Danilo miró a su antiguo compañero con compasión.

“No fue suerte, Gilson”, dijo él, amablemente. “A los dos nos golpeó la misma tormenta. La única diferencia es que, en la oscuridad, yo decidí seguir vigilando, esperando la luz de la mañana. Tú, lamentablemente, decidiste cerrar la puerta”.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

https://books2read.com/u/bpPxxE

lunes, 9 de marzo de 2026

La justificación de Job

Job estaba en gran aflicción,

Los dolores eran tantos que desfallecía el corazón.

Unos amigos vinieron a él para llorar,

Por unos días se quedaron sin nada hablar.

 

Después del llanto y silencio, Job se pronunció,

El día de su nacimiento, él maldijo.

Para él no tenía sentido vivir así,

Él creía ser mejor llegar a su fin.

 

Algo agradable, sus amigos trataron de hablar,

Los dolores de su amigo, intentaron justificar.

Pero el espíritu de Job, no pudieron calmar.

Y Job decía que delante de Dios iba a justificarse.

 

Aquellos que estaban con Job, intentaban exhortarlo,

Él estaba tan afligido que no quiso considerarlos.

Job creía que Dios había venido a castigarlo,

Y su sufrimiento nunca iba a ser terminado.

 

Después de la discusión, el Señor vino a hablar,

La justificación de Job, Dios vino a contestar.

Diciendo que delante de Él nadie se podía justificar,

Y los designios de Dios no podrían ser explicados.

La única cosa que resta al ser humano es aceptarlos.

 

El Señor cuestionó la sabiduría de Job,

Él no respondió y se humilló en el polvo.

Job admitió que la voluntad de Dios él no conocía,

Y sus planes, él no comprendía.

El Señor ordenó que fueran a sacrificar,

Para que sus culpas pudieran expiar.

La aflicción de Job, el Señor eliminó,

La riqueza que Job tenía, Dios dobló.

Después de eso, muchos días, Job vivió,

Viejo y lleno de riquezas, él murió.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen V.

viernes, 6 de marzo de 2026

Descanso y pecado

“Hoy no, pero mañana todo haré,

Un poco de descanso, pronto trabajaré.

No te preocupes, no necesitas estar apresurado,

Mañana o después, todo será ejecutado.”

 

Esas frases cargan un grave pecado,

Creando brechas para huir del trabajo.

Eses refranes destilan la procrastinación,

Envenenan la mente con una dulce ilusión.

 

El cuerpo es asaltado por la morosidad,

Trabajando en reducida velocidad.

Y la mente se regala con la dilación,

Creyendo que eso es paz para el corazón.

 

El procrastinador echa a perder su vida,

Desperdiciando cada uno de sus días.

Negando las grandes dádivas que recibió,

Rechazando todo lo que Dios le concedió.

 

Dios dio una mente espectacular,

Infinitas imaginaciones ella puede crear.

El Señor le dio un cuerpo imponente,

El perfecto complemento para la mente.

 

El procrastinador deshonra a su Creador,

Desprecia el esfuerzo y el plan del Señor.

Esta persona vive sin reverencia,

Actuando con total y absoluta negligencia.

 

El cambio es necesario e inaplazable,

La persona tiene que ser responsable.

Huyendo de la pereza y procrastinación,

Abrazando el esfuerzo y la dedicación.

 

Dios lo perdonará y lo recompensará,

Las fuentes de bendiciones, Él abrirá.

La persona vivirá lo que nunca imaginó,

Todo pasará porque ella trabajó.

 

Grandes frutos serán recibidos,

Maravillosos milagros serán recogidos.

La pobreza caminará lejos de su casa,

Pues habrá prosperidad y no faltará nada.


Este poema es parte del libro Palabras de fe.

Vea el libro:

https://books2read.com/u/3162v6

Presentación

Presentación

Dios bendiga a todos. He creado este blog con la intención de publicar mis poemas inspirados por Dios a través de su Espíritu Santo, que act...