miércoles, 6 de mayo de 2026

Tiempo de desolación

Hay momentos en que estamos arrasados,

Todos nuestros pilares fueron derribados.

Nuestra casa parece estar asolada.

Nuestras estructuras fueron dañadas.


Somos expulsados de nuestra tierra,

Enviados a un terrible cautiverio.

Colocados bajo grandes tribulaciones.

Quedamos subyugados, bajo pesadas opresiones.


Nuestros ojos se deshacen de tanto llorar,

Pensamos: ‹‹¿Qué mal hicimos para que eso sucediera?››

En vano utilizamos el tiempo para cuestionar,

Pues en lo íntimo, sabemos la razón por todo eso pasar.


Fuimos desobedientes con nuestro Señor,

Rompemos su santa alianza.

Y cometemos muchas maldades y abominaciones.


Antes de dejarnos en aprieto,

Mucho nos avisó y tardó en desviar su amor.

De muchas maneras, Dios nos intentó quebrantar.

Dios siempre esperó que pudiésemos cambiar,

Y para su ley, fuésemos regresar.

El Señor se demoró en enojar.


Vino mucha gente en su nombre,

Pero no hemos querido oírlos,

Preferimos las falsas palabras de la gente.

Ahora pagamos caro por eso...


Mismo con tanta desolación y horror,

Tenemos esperanza en la misericordia del Señor,

Esperamos su perdón y reconciliación,

Pues sabemos que es un Dios de amor.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen I.

miércoles, 22 de abril de 2026

Aguas Robadas

La mujer necia es escandalosa, frívola y desvergonzada … ¡Las aguas robadas saben a gloria! ¡El pan sabe a miel si se come a escondidas! Pero estos ignoran que allí está la muerte, que sus invitados caen al fondo de la fosa. Proverbios 9:13, 17-18

Enzo florecía bajo la tutela de Doña Eliana en el Proyecto Siete Pilares. La carpintería le había dado un oficio; la programación, un futuro. Pero la Insensatez, como una mujer ruidosa y seductora, no había renunciado a él. Se sentaba a la puerta de su antigua vida, en el viaducto sobre la vía del tren, y lo llamaba.

Su voz era la de Cadu, su antiguo amigo.

“¿Qué pasa, Enzo, desaparecido?”, dijo, abordándolo a la salida del proyecto. “¿Todavía en esa escuelita de la abuela? La vida de verdad está pasando aquí fuera”.

Cadu era el portavoz de la “mujer necia”. Era alborotador, lleno de promesas de emoción fácil y ganancias rápidas. No sabía nada sobre construir, solo sobre tomar.

“Vente con nosotros esta noche”, invitó Cadu, con voz baja y conspiradora. “Hay un chanchullo nuevo. Dinero fácil. La pasta fácil es mucho mejor que la que se gana con sudor”.

El “chanchullo” era simple y peligroso: usar una aplicación de clonación de tarjetas para hacer compras en línea. Las “aguas robadas”, el dinero que no les pertenecía, parecían dulces. La emoción de lo prohibido, la adrenalina del secreto, era lo que la Insensatez ofrecía.

Enzo sintió la atracción. La vida de trabajo duro, aunque gratificante, era lenta. La promesa de Cadu era un atajo tentador, un destello de la vida de consumo que veía en las redes sociales.

Dudó. La voz de la Sabiduría, la calma y la firmeza de Doña Eliana, resonaba en su mente. Pero la voz de la Insensatez era más alta, más urgente, más seductora.

“Es solo una noche, Enzo. Nadie se va a enterar”, insistió Cadu.

Esa noche, Enzo se encontró de vuelta en su antiguo mundo, pero ahora era diferente. Veía las cosas con más claridad. Se sentó con Cadu y los otros en un sótano oscuro, iluminado solo por las pantallas de los portátiles. El aire estaba cargado con el olor a humo y la energía febril de la transgresión.

Se reían, alardeando de los productos caros que estaban “comprando”. Pero Enzo no podía reír. Miraba los rostros de sus amigos, animados por la emoción del momento, y no veía vida. Veía un vacío. Eran ruidosos, pero sus almas estaban en silencio.

Pensó en el taller de carpintería, en el olor a madera, en la satisfacción de crear algo con sus propias manos. Aquello era vida. Pensó en la pantalla del ordenador en Siete Pilares, donde construía códigos para ayudar a la gente. Aquello era vida.

Lo que estaba sucediendo en ese sótano… no era vida. Era su opuesto.

De repente, la puerta del sótano se abrió con un estruendo. Dos policías, con linternas cegadoras, irrumpieron en el lugar. El pánico estalló. Cadu intentó correr, pero fue derribado. La risa se transformó en gritos, la emoción en terror.

Enzo, que no había participado activamente, fue llevado junto con los demás. En la comisaría, bajo la luz fría e impersonal, miró a sus amigos. Ya no eran los fanfarrones del viaducto. Eran solo chicos asustados, esposados.

Uno de los policías, un hombre mayor con una mirada cansada, miró a Enzo. “No pareces ser como ellos, chico. ¿Qué estabas haciendo allí?”.

Enzo no pudo responder. Estaba viendo, con una claridad terrible, el secreto de la casa de la Insensatez. Su banquete era un fraude. Sus invitados no eran los listos, los geniales. Eran los muertos. Muertos en sus sueños, muertos en su libertad, muertos en su futuro.

Doña Eliana fue a buscarlo a la mañana siguiente. No lo reprendió. Solo lo abrazó, un abrazo que decía “bienvenido de vuelta a la vida”.

Mientras se alejaba de la comisaría, Enzo miró hacia atrás. No sabía qué pasaría con Cadu y los otros. Pero sabía que había estado en las profundidades del infierno y que, por los pelos, había escapado. Las aguas robadas podían parecer dulces por un instante, pero el sabor que dejaban era el de la muerte. Y él, ahora, solo tenía sed de la fuente de la vida.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

https://books2read.com/u/bpPxxE

miércoles, 8 de abril de 2026

Falsos dioses

Hay cosas que la gente siempre va a adorar,

Puede ser una imagen u otras cosas.

Adoran inútilmente, pues en ellos, poder no hay.


Las imágenes tienen boca y no pueden hablar,

Oídos que no pueden escuchar.

Ni espíritu para responder.

Quedan siempre paradas y nada pueden hacer.


Son obras de hombres pecadores,

Que las hacen para multiplicar los adoradores,

En madera, piedra o metal,

Ellas son hechas para la multiplicación del mal.

Pues hay solamente uno que debemos adorar:

¡El Señor Dios!

Nuestro clamor, Él puede escuchar,

Solamente para Él debemos orar.

Solo el Dios Todopoderoso todo puede cambiar.


No busque a dioses hechos por humanos,

Son solamente malas obras de hombres mundanos.

Son una abominación para el verdadero Señor,

Él desea de nosotros la pura alabanza y amor.


Alabe solamente al verdadero Dios,

Él nunca nos va a desamparar,

Solo Él puede salvarte, y hacia la vida eterna, te llevará.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen I.

sábado, 4 de abril de 2026

Retribución

Algunos practican el mal sin se preocupar,

Piensan que en sus vidas nada ocurrirá.

En sus corazones, las intenciones malignas van a brotar,

Viven maquinando maldades para practicar.

Ejecutan sus malas obras sin se importar.


Este pensamiento inconsecuente está errado,

Por todo lo que hizo, cada uno será recompensado.

Nada de lo que fue hecho quedará en la impunidad,

El Señor retribuirá conforme a su verdad.


Aquel que fue bueno, con el bien, Dios pagará,

El que practicó la maldad, muchos males recibirá.

Esa es la verdadera justicia venida del Señor,

De toda la tierra, Dios es el juez y gran legislador.


De la gran justicia de Dios no hay cómo escapar,

Dondequiera que la persona esté, Él la alcanzará.

Por eso es imprescindible practicar la bondad,

De lo contrario, recibirá en su vida gran maldad.


Antes de que el Señor ejecute su juicio,

Él aún da una oportunidad para cada hijo.

Dios le dice a su hijo que se arrepienta y cambie,

Así, su justicia divina Él la va a suavizar.

Incluso suavizando, la retribución sucederá.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen VII.

jueves, 2 de abril de 2026

El Reflejo en el Espejo

El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es tener discernimiento … Si eres sabio, tu premio será tu sabiduría; si eres insolente, solo tú lo sufrirás. Proverbios 9:10,12

Cinco años habían pasado desde el día de la fatídica evaluación de desempeño. Para Adriano, fueron años de crecimiento constante. Ahora era el Director Creativo de la agencia, ocupando el antiguo despacho de Maurício, que se había jubilado. Su sabiduría no era solo técnica; aprendió que el temor del Señor, la humildad de reconocer que no lo sabía todo, era el verdadero principio de su viaje. Lideraba a su equipo con la misma apertura y respeto con los que aprendió a recibir la crítica. Su vida era un testimonio silencioso de que la sabiduría que buscó era para su propio bien, una fuente de paz y prosperidad.

Ronan, por otro lado, se había convertido en un nómada profesional. Pasó por tres agencias diferentes en cinco años, dejando un rastro de conflictos y proyectos inacabados. En cada lugar, la historia se repetía: un inicio prometedor, seguido de la incapacidad para aceptar críticas, la creación de un ambiente tóxico y, finalmente, una salida amarga. Él era el burlón y el arrogante, y la factura de su arrogancia estaba llegando, pesada y exclusivamente para él.

Su encuentro tuvo lugar en un evento de la industria, uno de esos cócteles ruidosos donde todos lucen sus mejores sonrisas y tarjetas de visita. Adriano estaba rodeado de jóvenes diseñadores que lo escuchaban con admiración. Ronan estaba apoyado en un rincón, solo, observando la escena con un vaso de whisky en la mano y un cinismo familiar en la mirada.

“Vaya, vaya, si no es el gran jefe”, dijo Ronan, acercándose, con la voz cargada de una ironía que apenas ocultaba la amargura. “Subiste rápido, ¿eh, Adriano? Le hiciste la pelota a la persona adecuada, imagino”.

Adriano se giró, y la sonrisa en su rostro no vaciló. No había en él arrogancia, solo una calma genuina.

“Hola, Ronan. Me alegro de verte. ¿Cómo estás?”.

La simple pregunta desarmó a Ronan. Esperaba una confrontación, un cruce de pullas. Pero Adriano ya no estaba en ese juego.

“Estoy bien”, mintió Ronan. “Abriendo mi propia agencia. Me cansé de trabajar para gente incompetente”.

Adriano solo asintió con la cabeza, sin juzgar.

“Te deseo éxito”. Y con un educado apretón de manos, se disculpó y volvió a su conversación.

El encuentro, que duró menos de un minuto, fue suficiente para sacudir a Ronan. La paz de Adriano, su tranquila confianza, era un contraste brutal con la tormenta que existía dentro de él.

Más tarde, esa noche, Ronan llegó a su pequeño y desordenado apartamento. La “propia agencia” era solo una idea, un farol para enmascarar el hecho de que lo habían despedido de nuevo la semana anterior. Se miró en el gran espejo de la sala, uno de los pocos muebles que quedaban de su época de gloria.

Y, por primera vez, no vio al genio incomprendido. Vio a un hombre de cuarenta años, cansado, solitario y con miedo. Recordó aquel día en el despacho de Maurício. Recordó a Adriano. Todas las excusas que había construido a lo largo de los años —jefes malos, compañeros envidiosos, mala suerte— se derrumbaron.

La verdad lo golpeó con la fuerza de un puñetazo. Nadie le había hecho aquello. Ni Maurício, ni Adriano, ni el “sistema”. Él, y solo él, había soportado el peso de su propia arrogancia. Esta había sido un ancla, manteniéndolo atascado en el mismo lugar mientras el mundo a su alrededor avanzaba. Su negativa a aprender había sido su sentencia.

El hombre en el espejo lo miraba fijamente, y no había a dónde huir. La sabiduría que Adriano abrazó lo había elevado. La arrogancia que Ronan eligió lo había hundido. Y, en el silencio de su apartamento, finalmente entendió la verdad más solitaria de todas: la cosecha de nuestras elecciones es intransferible.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

https://books2read.com/u/bpPxxE

martes, 31 de marzo de 2026

El amor de Dios

¡El amor de Dios por todos nosotros es sensacional!

¡A nuestro favor, Él actúa de manera sobrenatural!

Él nos ama tanto que a su hijo sacrificó,

Para que todos pudieran conocer su amor.


Jesucristo vino para hacer la aproximación,

Con el Espíritu Santo tocando cada corazón.

Dios hace todo para que sintamos su amor,

Él quiere que lo reconozcamos como Señor.


¡No es posible expresar el amor del Señor!

¡Pues es tan inmenso que escapa de nuestra comprensión!

Es un amor tan profundo que va directo al corazón.

El sentimiento es tan fuerte que supera toda emoción.


Por más que escribiera, no es posible explicar,

Con palabras, este amor no es posible demostrar.

Es un amor que solo el creyente puede entender,

Un amor tan fuerte que hace que cada uno se avergüence.


El avergonzamiento es una señal de agradecimiento,

Pues sabemos que este amor, no lo merecemos.

Fue Dios quien escogió a cada uno para amar,

Con su amor, Dios decidió nos regalar.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen VII.

viernes, 27 de marzo de 2026

Niños

Todos los días millones de niños reciben mucho cariño y amor,

Ellos tienen buenas vidas, viven felices, casi nunca sienten dolor.

Sus padres son dedicados y hacen todo para los agradar,

Algunos están tan bien que tienen todo lo que el corazón desear.


En el otro extremo, hay millones que en la miseria y pobreza viven,

Padecen hambre, padecen frío, y una persona responsable, no tienen.

Son niños completamente olvidados por toda la sociedad,

Son niños que están abandonados y tirados por toda la ciudad.


Este abandono genera consecuencias para ellos y para todos alrededor,

Ellos están tan necesitados que hacen todo para tener algo mejor.

Y en esta búsqueda, pueden se involucrar con gente malintencionada,

Que harán cosas malas, y toda la niñez e inocencia serán quitadas.


Mucha gente mira a esos niños y solo quieren juzgar,

Sin conocerlos, ya definen que no son dignos de ayudar.

No pueden ver el deseo detrás de las acciones de los niños,

No pueden percibir que ellos quieren algo nuevo, otro destino.


Esos niños desean lo más básico para tener una vida digna,

Ellos desean tener padres, parientes, alguien para llamar de familia.

Esos niños desean que alguien los vea y dé su atención,

Ellos desean recibir amor y cariño para calentar su corazón.


Este poema es parte del libro La vida a través de las palabras.

Presentación

Presentación

Dios bendiga a todos. He creado este blog con la intención de publicar mis poemas inspirados por Dios a través de su Espíritu Santo, que act...