El Señor se entristeció con su creación,
Él vio que el ser humano apenas causa destrucción.
La maldad dominaba todo corazón.
En nadie había algo bueno.
Dios decidió destruir todo,
Enviando sobre la Tierra un gran diluvio.
Antes de todo eso suceder,
Hubo un siervo que Dios quiso proteger,
Noé, un hombre bendito por Dios,
El Señor iba a salvarlo con los suyos.
Un arca, Dios lo mandó construir,
Y toda pareja de animales iba a venir.
Para que toda especie se pudiese salvar,
Después de las lluvias, una nueva Tierra empezará.
Ninguno de los seres humanos restará,
Toda la maldad de la Tierra, el agua lavará.
Hasta los altos montes serán inundados.
Toda la Tierra parecerá un gran lago.
Después de todo eso suceder,
Las aguas empezaron a retroceder.
La tierra nuevamente podría ser vista.
Todos tenían esperanza en una nueva vida.
Dios los condujo hasta la salida del arca.
La promesa de fidelidad fue confirmada.
En agradecimiento, Noé sacrificó,
De eso, el Señor se agradó.
Un nuevo pacto con Noé fue establecido,
Este mundo jamás será destruido.
Habrá una señal para la gente recordar,
El cuánto Dios fue capaz de amar.
Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen II.

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