Algunos practican el mal sin se preocupar,
Piensan que en sus vidas nada ocurrirá.
En sus corazones, las intenciones malignas van a brotar,
Viven maquinando maldades para practicar.
Ejecutan sus malas obras sin se importar.
Este pensamiento inconsecuente está errado,
Por todo lo que hizo, cada uno será recompensado.
Nada de lo que fue hecho quedará en la impunidad,
El Señor retribuirá conforme a su verdad.
Aquel que fue bueno, con el bien, Dios pagará,
El que practicó la maldad, muchos males recibirá.
Esa es la verdadera justicia venida del Señor,
De toda la tierra, Dios es el juez y gran legislador.
De la gran justicia de Dios no hay cómo escapar,
Dondequiera que la persona esté, Él la alcanzará.
Por eso es imprescindible practicar la bondad,
De lo contrario, recibirá en su vida gran maldad.
Antes de que el Señor ejecute su juicio,
Él aún da una oportunidad para cada hijo.
Dios le dice a su hijo que se arrepienta y cambie,
Así, su justicia divina Él la va a suavizar.
Incluso suavizando, la retribución sucederá.
Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen VII.
Vea el libro:

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