miércoles, 29 de julio de 2026

Corazón contaminado

A menudo, vemos a alguien perdido y queremos juzgar,

No extendemos nuestra mano para ayudar.

Nuestro corazón quiere mostrar superioridad,

Pensamos estar libres de culpa y responsabilidad.


¡Somos hipócritas! No hacemos diferencia en la sociedad,

Afirmamos que ya estamos salvos y somos dueños de la verdad.

Nuestros corazones están tomados por la arrogancia y el egoísmo,

Decimos que somos hijos de Dios, pero no somos como Cristo.


Dejamos que el orgullo, la prepotencia y la presunción nos dominar,

Andamos por el mundo, pero no tenemos el coraje de evangelizar.

Preferimos dejar que los perdidos mueran y después lamentarlos,

Lloramos a los muertos, pero a los vivos, no fuimos a ayudarlos.


Todos los días muchos son lanzados al infierno,

Debido a nuestra omisión, muchos van al tormento eterno.

Son personas como tú y yo, que podrían tener la oportunidad de salvación,

Pero debido a nuestra negligencia, estarán siempre en la condenación.


El corazón de muchos cristianos debe ser arrancado,

Es preciso insertar uno nuevo, renovado y transformado.

Un corazón que dé la propia vida para salvar a un perdido,

Un corazón que vea el interior, un corazón piadoso como el de Cristo.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen VI.

miércoles, 15 de julio de 2026

El Manantial y la Tormenta

El justo se ve coronado de bendiciones, pero la boca del malvado encubre violencia … El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre … Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre. Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia. El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas. En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, solo garrotazos. El que es sabio atesora el conocimiento, pero la boca del necio es un peligro inminente … El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio. El que mucho habla mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua. Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada. Los labios del justo orientan a muchos; los necios mueren por falta de juicio … El necio se divierte con su mala conducta, pero el sabio se recrea con la sabiduría … La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada. Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad. Proverbios 10:6, 8, 10-14, 18-21, 23, 31-32

El Condominio “Altos da Boa Vista” era, en la superficie, un lugar pacífico. Pero bajo la fachada de jardines bien cuidados, el odio, como una fuga invisible, comenzaba a incitar peleas. Y en el centro de todo, estaban dos hombres: Otávio, el nuevo administrador, y Gilberto, el residente del 503, un hombre cuya boca era una tormenta a punto de estallar.

Gilberto era un maestro de la maldad velada. Para él, sembrar la discordia era una diversión. Encubría su odio con labios falsos, acercándose a los vecinos con una preocupación fingida.

“¿Has visto el valor del nuevo presupuesto de Otávio? ¡Un disparate! Quién sabe a dónde va todo ese dinero…”, susurraba en el ascensor, guiñando un ojo con malicia, plantando la semilla de la desconfianza. Tenía labios necios, y cada palabra suya era una palada más, cavando la ruina de la armonía del edificio.

Otávio, un ingeniero jubilado que asumió el cargo por un genuino deseo de servir, pronto sintió el impacto. La gente lo detenía en los pasillos con acusaciones veladas, basadas en las medias verdades de Gilberto. Podría haber reaccionado con rabia, pero era un hombre sabio. Aceptaba la crítica, incluso cuando era injusta.

“Gracias por llamar mi atención sobre esto”, respondía con calma. “Prepararé un informe detallado de cada gasto y lo presentaré en la próxima reunión. La transparencia es la mejor política”.

La boca de Otávio era un manantial de vida. Donde Gilberto arrojaba gasolina, Otávio traía el agua de la sensatez. Sabía que, en la multitud de palabras, no faltan los errores, así que medía cada comunicado, cada respuesta. Sus labios, como los del justo, sabían lo que agradaba: la verdad dicha con respeto. Pasó a celebrar reuniones mensuales abiertas, no solo para presentar cuentas, sino para escuchar.

“¿Qué podemos mejorar juntos?”, preguntaba, atesorando el conocimiento que provenía de la experiencia de los residentes.

La campaña de difamación de Gilberto se intensificó. Creó un grupo de WhatsApp llamado “Ojo al Administrador”, que rápidamente se convirtió en un tribunal de inquisición digital, una fuente de destrucción inminente para la reputación de Otávio. Gilberto publicaba fotos de una bombilla quemada en el pasillo como prueba de “negligencia”, interpretaba cada decisión de Otávio como un acto de tiranía o corrupción.

La situación llegó a un punto crítico cuando una tubería principal reventó en el garaje durante la madrugada, inundando varios coches. Era el caos. Despertaron a Otávio a las 3 de la mañana y, en minutos, ya estaba allí, con botas de agua, coordinando al equipo de mantenimiento, calmando a los residentes desesperados.

Gilberto, desde su apartamento, vio la escena por la ventana. Y su diversión fue cruel. Comenzó a grabar, a enviar audios al grupo.

“¡Ved el desastre! ¡Es la incompetencia personificada! ¡Años pagando la comunidad para esto! ¿Dónde está el dinero del mantenimiento preventivo que prometió?”.

Sin embargo, la crisis que debería haber sido la ruina de Otávio se convirtió en su redención. Mientras la boca de Gilberto arrojaba críticas, la boca de Otávio producía sabiduría práctica. Organizó un sistema rotativo de plazas para los coches que no habían sido afectados. Consiguió, a través de un contacto, un descuento con un taller para las reparaciones. En 48 horas, la situación estaba controlada.

En la reunión de emergencia convocada la semana siguiente, el salón estaba abarrotado, la tensión era palpable. Gilberto se levantó, listo para su discurso acusatorio. Pero antes de que pudiera hablar, Matilda, una señora que vivía en el edificio desde hacía muchos años, pidió la palabra.

“Solo quería darle las gracias a Otávio”, dijo ella, con voz firme. “En medio del caos, nos trajo calma. En medio de la confusión, nos trajo soluciones. Durante meses, hemos escuchado muchas palabras que solo sirvieron para ponernos unos contra otros. Pero a la hora de la verdad, vimos que las palabras que realmente importan son las que construyen, no las que destruyen”.

Uno a uno, otros residentes comenzaron a estar de acuerdo. Las personas que habían sido envenenadas por la desconfianza de Gilberto ahora veían la verdad. Él fue tomado por sorpresa, intentó argumentar, pero sus palabras ahora sonaban vacías, huecas. Cayó, no por un ataque, sino por el peso de su propia insensatez.

Humillado, Gilberto se calló. Ese día, la comunidad comenzó a sanar. Aprendieron a discernir entre el ruido de la confusión y la voz de la sabiduría. Y Otávio, el hombre cuyas palabras eran preciosas, continuó su trabajo, demostrando que un manantial de vida puede, eventualmente, apagar cualquier incendio que la boca de un necio intente iniciar.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

https://books2read.com/u/bpPxxE

miércoles, 8 de julio de 2026

Apóstoles

Jesús escogió a doce hombres para predicar,

Eran los escogidos para su palabra anunciar.

El bautismo del arrepentimiento, debían predicar,

Y la venida del Mesías y su Reino, proclamar.

Las ovejas perdidas de Israel, irían a buscar.


Jesús indicó el camino que ellos deberían seguir,

Cristo dijo que no deberían juntar nada para sí.

Ni oro, ni plata o riqueza, debían llevar,

Solo los dones que les fueron dados, iban a cargar.

Por donde fueran, irían a predicar, curar y demonios expulsar.


Este es el trabajo de un verdadero apóstol del Señor,

Ser un siervo humilde y hacer todo lo que el Maestro mandó.

Yendo a todos los lugares y predicando fielmente la verdad,

Practicando el principio del compromiso y de la lealtad.


Ese tipo de apóstol se extinguió hace dos mil años atrás,

Hoy en día, los nuevos “apóstoles” no siguen al Padre.

Cada uno de ellos busca solo su gloria personal,

Están hablando de Dios, pero en el corazón reside el mal.


Piensan en juntar toda la riqueza que sea posible,

Con relación a los demás líderes, dicen que están en otro nivel.

Son tan poderosos que no dan satisfacción,

Piensan que están por encima de las leyes de Dios y de la nación.


Su palabra y voluntad, nadie puede cuestionar,

Porque al “ungido del Señor” no se puede tocar.

Se dicen ungidos de Dios para proclamar la salvación,

Pero, en verdad, son los primeros que necesitan cura y liberación.


Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen VI.

Presentación

Presentación

Dios bendiga a todos. He creado este blog con la intención de publicar mis poemas inspirados por Dios a través de su Espíritu Santo, que act...