El pueblo de Israel clamó al Señor,
Pidiendo que un hombre fuera el legislador.
Alguien, para ser rey, era lo que el pueblo quería.
Ellos no deseaban tener a Dios como guía.
Un hombre en el comando, era lo que preferían.
Acerca de eso, Samuel consultó al Señor,
Para el clamor del pueblo, Dios se atentó.
Todo aquel pueblo, el Señor advirtió:
Con un rey, ustedes vivirán de forma servil.
El consejo de Dios, nadie oyó,
Un rey para el pueblo, el Señor constituyó.
De la tribu de Benjamín, Saúl ha sido elegido,
Por el profeta Samuel, él ha sido ungido.
Después de un tiempo, él empezó a reinar,
Las guerras de Israel, no tardó en ganar.
Delante del pueblo, Samuel entregó el rey,
Diciendo: La tierra de Israel, no más juzgaré.
Acerca de mí, ¿ustedes tienen algo que reclamar?
¿Algo que yo necesite arreglar?
Todo el pueblo contestó que no.
Y para Saúl, todo el Israel ha sido dado en su mano.
En todas las batallas que Saúl luchaba,
Los enemigos, Dios siempre entregaba.
No había manera del pueblo filisteo ganar,
Dios estaba con el pueblo en la hora de luchar.
El reino de Saúl empezó a prosperar,
Y su altivez, él no tardó en mostrar.
Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen III.
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