Alguien semejante a sí, Dios creó,
Creó el hombre y mucho lo amó.
Hizo el hombre su imagen y semejanza,
Y sobre la Tierra, le concedió el liderazgo.
El Señor no quiso ver al hombre solo,
Creó una compañera para él.
Una mujer que era su propia carne,
Una compañera que lo ayudase.
El primer matrimonio estaba formado.
Para su alimento, todo árbol fue dado,
Solamente uno, ellos no podrían comer,
Si comiesen, seguramente iban a fallecer.
Así mismo, prefirieron desobedecer,
Y al consejo de la serpiente, decidieron atender.
Sus ojos han sido abiertos y todo ellos pudieron ver.
Quedaron avergonzados y de Dios, intentaron esconderse.
De esa actitud, el Señor no se agradó,
La serpiente, Él la maldijo,
Del paraíso, Dios les expulsó.
En la tierra común, los echó.
Ahora, de su trabajo van a comer,
Muchos dolores, ellos van a padecer.
Todo porque a Dios no escucharon.
Y de lo que era prohibido probaron.
Este poema es parte del libro Poesía Cristiana volumen II.

No hay comentarios:
Publicar un comentario