miércoles, 18 de febrero de 2026

La Niña de sus Ojos

Hijo mío, pon en práctica mis palabras y atesora mis mandamientos. Cumple con mis mandatos, y vivirás; cuida mis enseñanzas como a la niña de tus ojos. No desvíes tu corazón hacia sus sendas, ni te extravíes por sus caminos, pues muchos han muerto por su causa; sus víctimas han sido innumerables. Su casa lleva derecho al sepulcro; ¡conduce al reino de la muerte! Proverbios 7:1-2, 25-27

Alex vivía una vida bien ordenada, como el código limpio, del que tanto se enorgullecía de escribir. Profesional de TI, casado con Lilian, padre de una niña, su rutina era un sistema estable de trabajo, familia y servicio en la iglesia. El mandamiento de la fidelidad no era una carga para él; era, un principio, la “niña de sus ojos”, algo que debía protegerse instintivamente.

Simone entró en su vida en el lugar más improbable: en el comité de un proyecto voluntario para desarrollar una aplicación de ayuda humanitaria. Ella era la gerente del proyecto, dedicada, eficiente y con una impresionante capacidad para hacer que todos se sintieran especiales. Especialmente Alex.

“Alex, tu lógica es brillante”, decía ella en las reuniones, y él sentía un calor de reconocimiento que iba más allá de lo profesional. Ella comenzó a buscarlo fuera del horario, con “dudas urgentes” sobre el proyecto, que invariablemente se desviaban hacia conversaciones más personales.

Era una cazadora sutil. Compartía historias de su “soledad” en medio del éxito, creando una narrativa en la que él, el hombre bueno y estable, era el único que la comprendía. Nunca era vulgar; su seducción era un perfume, no un ataque. Elogiaba a Lilian, su esposa, lo que desarmaba a Alex por completo. “Tenéis algo tan precioso. Cuídala bien”. La ironía era el cebo.

Alex comenzó a racionalizar. “Es por el proyecto. Solo estoy siendo un buen compañero, un buen cristiano”. Pero empezó a ocultarle las conversaciones a Lilian. Empezó a esperar la notificación con su nombre. Estaba permitiendo que una extraña se acercara demasiado a la “niña de sus ojos”.

El viaje para implementar la aplicación en una comunidad remota fue el escenario perfecto para el ataque. Durante el día, trabajaban codo con codo, rodeados de pobreza y necesidad, lo que creaba una falsa sensación de propósito compartido. Por la noche, el equipo se reunía en el pequeño hotel, exhausto.

En una de esas noches, Simone lo llamó al balcón. “Necesito un consejo”, dijo ella, con voz baja, la luna iluminando la vulnerabilidad de su rostro. Habló sobre un “exnovio abusivo”, pintando un cuadro de fragilidad que despertó el instinto protector de Alex. Se sintió como el héroe de su historia.

“Eres un hombre tan bueno, Alex”, susurró, acercándose. “Tan seguro”.

En ese momento, todas las alarmas que su conciencia había disparado durante semanas fueron silenciadas por la vanidad. Ya no era el programador lógico. Era el necio que, halagado, se olvidaba del peligro.

Lo que sucedió a continuación no fue una explosión de pasión, sino una rendición silenciosa y vergonzosa. Fue como si estuviera viendo a un extraño en su propio cuerpo.

A la mañana siguiente, la realidad lo golpeó con la fuerza de un golpe físico. Simone estaba diferente. La vulnerabilidad había desaparecido, reemplazada por una familiaridad casual, casi fría. Lo trataba como a un compañero, nada más. No había drama, ni promesas, ni culpa. Solo un silencio que lo acusaba.

Se miró a sí mismo y se vio con una claridad horrible. No había sido su héroe; había sido solo un elemento tachado de una lista, una conquista. La caza había terminado.

Era el buey que iba al matadero.

El vuelo de regreso fue una tortura. Cada kilómetro que lo acercaba a casa era un paso más hacia la vida a la que había prendido fuego. Al entrar en su sala, el olor de su hogar, el dibujo de su hija pegado en la nevera, la foto de su boda en el portarretratos; todo lo que antes era su fuente de paz, ahora era su sentencia.

Lilian lo recibió con un abrazo. Y, en ese abrazo, se deshizo. La culpa lo quebró.

No sabía si su matrimonio sobreviviría. No sabía cómo reconstruiría la confianza que había pulverizado. Solo sabía que, por un momento de necia vanidad, había dejado que la cazadora se acercara demasiado. No había guardado sus mandamientos, no había protegido a la niña de sus ojos. Y ahora, como el pájaro que vuela hacia el lazo, estaba atrapado, sin saber que aquello le costaría la vida. La vida que él, tan cuidadosamente, había construido.

(Hecho con IA)

Este cuento es parte de mi libro Sabiduría Diaria

https://books2read.com/u/bpPxxE

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Presentación

Presentación

Dios bendiga a todos. He creado este blog con la intención de publicar mis poemas inspirados por Dios a través de su Espíritu Santo, que act...